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por Teodoro Valentin - 05-10-11
Tenazmente tomamos las ideas dentro del marco de la benevolencia, suponiendo la verdad como base para una mirada objetiva sobre la experiencia pasada.
Esgrimimos la verdad como absoluta sin cuestionar su origen, bajo el supuesto de un fundamento que no refuta. Esa verdad no es otra que una faceta de miles de las planteadas por otros individuos, que origina una madeja de verdades cuyo destino es la confusión, quien replantea la duda hasta hacer informe a la acción que moviliza el concepto de la idea original. Acaso esta secuencia implica la aceptación de infinitas verdades, o el caso es que nadie de esos miles conoce la verdad cara a cara y la misma se oculta dentro de la variedad del pensamiento lucrativo.
Quien ostenta conceptos prácticos extraídos de la experiencia material niega la hipótesis esencial de la confabulación de la idea, ya que la misma enfrenta siempre una cosificación plasmada en el mundo de los sentidos, sumándole la contradicción de venerar a cualquier nuevo objeto electrónico que brilla de imágenes y sonidos plásticos como al orgulloso baluarte de la era cibernética, sin detenerse a pensar que una idea pasada generó al cómodo hoy; sólo densifica la participación el acto de comercializar los objetos y obtener diferencias monetarias, compartiendo la ideología de la avanzada valorando al tiempo de manera rentable y productiva, restándole capacidad de vida o enriquecimiento cultural, siendo estos últimos los valores que cerrarán las puertas de la existencia en el punto final de lo corpóreo.
Signar al ajeno en lo erróneo denota cierta facilidad en la negación de la propia existencia, ya que al no indultar la cornisa del pensamiento que no concuerda con el propio desencadena una serie de pautas explosivas que no admiten ni siquiera la ideología personal, sepultando bajo el sendero de la negociación a toda forma etérea que sustenta a la personalidad, desplazando a los sentimientos para suplantarlos con pasiones caprichosas de acto instantáneo, menoscabando a la conciencia hasta reprimir el pensamiento investigativo y fructífero, aplicándose litros de vanidad al observar las manos plenas de cosas obtenidas cuyo valor fue pagado con dinero desgarrado del botín de la batalla laboral.
Pocos individuos suponen mientras otros muy pocos dudan, menos aún incursionan siendo escasos los que estudian, mientras que la verdad espera con paciencia que la calidez de la reflexión la abrace con vigor, sabiendo ella que es eternamente única siendo sus fieles amigos quienes la cobijan en el corazón.
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