Juicio Errado
Autor Teodoro Valentin - 02-01-11
Sentado en el banquillo escucho el torrente de palabras legales que irrumpen mi átona conciencia, cuando sólo recuerdo los hechos como vivenciados por ajenos, sin asumir aún que mis manos impulsaron los acontecimientos con la voluntad de sus fuerzas.
Si, efectivamente había ejecutado el delito, pero éstos estudiosos deben verificarlo para ejecutarme con sus conciencias inmaculadas de culpas, ejerciendo su seuda profesión de verdugos que contemporiza entre el pecado y la justicia.
Nunca sabrán la verdad, sólo accionan mecanismos físicos sin considerar las gasesosas emociones circunstanciales e históricas: pobres causantes de futuros inciertos plagados de castigo.
¿O acaso se atreven a dictaminar sin pruebas empapeladas?
¿Y si me encuentran inocente gracias a la diatriba de otro colega?
Recibo mi sentencia caratulada de inocencia y libertad, siendo su tropiezo el conocimiento de la realidad enfrentada a la impotencia de la ley evidenciada, que posterga escrúpulos e imputaciones en las manos del destino posterior a la vida.
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