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Comprar la Salud

por Teodoro Valentin - 02-11-09

 

El pago de la cuota no garantiza la buena salud, pero... tranquiliza la responsabilidad de marchar en el camino correcto!

Estamos imbuidos en sistema virtual totalmente basado en la tecnología, concibiendo como natural que la temática de la salud está supeditada a la aparatología clínica.

Si bien es posible apreciar que los avances en el conocimiento del cuerpo humano están condicionados a la calidad de la electrónica utilitaria, se ha encriptado dentro de la ciencia convencional la posibilidad de todas las soluciones, excluyendo a la historia del desarrollo como inexistente y no veraz.

Lo contemporáneo es realmente asombroso, se ha estudiado en poco tiempo casi todo el espectro de variantes que aquejan al hombre, encontrando en su mayoría la solución inmediata a los mismos, de manera tal que restituir las funciones orgánicas a su acatamiento natural ya es usual.

Este manipulación química trajo aparejada una confusión social sobre el concepto de salud y de bienestar orgánico.

Se concibe como imprescindible la afiliación a una medicina pre paga como protección y seguridad, desconociendo los orígenes de las enfermedades, pero sustentándose en su cura los habitantes caminan tranquilos en la superficie terrestre. Este aporte cuotizado no otorga buena salud en sí mismo, pero su falta exaspera al no usuario hasta preocuparlo angustiosamente sobre su necesidad, generándose patologías simulatorias que cierran el círculo de la urgencia.

Nada ni nadie garantiza la buena salud, la responsabilidad recae sobre el futuro paciente, el cual debe sostener un equilibrio deportivo y alimenticio para nivelar los promedios estadísticos de valores cuantificables, pero realizando cada tanto un control que confirme que se está en la ruta correcta.

Si no realiza este utilitario también recae sobre él la responsabilidad clínica, pues cuando brotan temáticas febriles se somete al individuo bajo la presión de la culpabilidad emocional, donde el veredicto es dictado con la pena del consumo de medicamentos, nuevamente depositando una fianza en la farmacia asociada.

Este circuito dinero y salud, medicamentos y culpabilidad, responsabilidad y ética profesional, derivaron en un concepto de salud operativa relacionado con las posibilidades económicas, realzando la cantidad como receptor de calidad, lo cual garantiza dudosamente que el tiempo de dolor se minimizará hasta su neutralización.

Este halo protector nubla la visión histórica del desarrollo humano, ya que encontramos registros en todo los tiempos pretéritos donde el espectro de males aquejantes no varían de los presentes, descubriendo las curas acorde al conocimiento de la época, ya sea mezclando especies naturales como operando sin quirófano.

Hasta la fecha se han mantenido estos estudios denominados alternativos -ya que no salen de un laboratorio certificado, ni presentado al paciente como píldora o cápsula-, pero tanto uno como otro se basan en las mismas esencias y en sus derivados, variando también su manera en el ingreso al cuerpo, ya que la facilidad de la aguja antes no resultaba posible.

Pero el avance más significativo de la ciencia se basa en la higiene, cuya popularización logró frenar al contagio así como aumenta la prevención, actualizando sus facetas hasta la pulcritud clínica, permitiendo empalizar epidemias y pandemias, así como especies nuevas de ataques virósicos.

Si bien se reclama el apoyo económico para avanzar en el conocimiento y en la investigación, los negociados de sus soluciones invade desde lo particular hasta los gobiernos, siendo los empresarios de la medicina laboratorista quienes manejan la salud pública, dejando el rango de la salud privada en manos ajenas, siempre y cuando consuman los productos adecuados a los beneficios prefijados.

La mala salud se convirtió en un bien negociable, mientras que la buena salud generó una supervisación rentable; lo circular es que la vitalidad depende del dinero, siendo la cuota la garantía de la buena funcionalidad social.

 

 

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