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por Teodoro Valentin - 11-09-09
Las resoluciones gubernamentales deben responder a las necesidades de una sociedad, a su actualización y al avance de la misma en todos los ordenes, siempre que se tenga conciencia de que se está direccionando a un pueblo compuesto por... seres humanos!
Los habitantes de una nación no son simplemente individuos que pagan impuestos, su condición de ciudadanos les otorga derechos, a los cuales les deben responder los asalariados de los cargos congresistas.
Ante ésta falta de consideración al respecto de las funciones a los que resultaron elegidos, adornados de comodidades materiales, y haciéndolos pertenecer a una casta privilegiada denominada Funcionarios, donde la justicia tiene límites y la objetos utilitarios están a su servicio gratuitamente, los verdaderos dueños del capital del país no tiene ni arte ni voto en la buena o mala determinación de sus acciones, así como en la falta de ellas.
Esta disparidad del sistema democrático alude a un desequilibrio social que aún no se ha solucionado, ya que la misma factoría de leyes está en manos de los mismos que deben ser juzgados en tiempos cortos -ya sea trimestrales como en cualquier emprendimiento privado-, por ende la solución ante la ineptitud está fuera del foco de la solución real.
El hecho de determinar legalmente un tiempo limitado de funciones, implica la libertad no entendida de que su independencia de la responsabilidad es absoluta, ya que al hacer un juicio funcional histórico no repara los males realizados por la aplicación de políticas equivocadas o tendenciosas.
Sumando a la teoría de que el poder se reparte entre una gama de Ministros, quienes poseen un rango de movimiento bastante amplio para su injerencia, diluye el concepto de culpas basándose en el principio de la delegación, responsabilizando a los escalones bajos de la pirámide por la falta de direccionamiento, o de pautas claras de orientación, de la misma autoridad electorada.
Toda este escenario no fue el montado durante la incipiente democracia, sino que resulta luego de una degeneración de conceptos patrióticos, trasladando principios de independencia al desagüe de la globalización, priorizando al monetarismo como a la única función que detentan los gobiernos, instalando la concepción de que la temática de los insumos básicos queda en manos del libre albedrío de cada individuo de acuerdo a su capacidad.
Esta anarquía gubernamental distanció a la responsabilidad de la ejecutividad, ya que la casta política elabora sus cronogramas de acción sin considerar a la unidad de un nación, mientras que el reclamo popular sólo detenta el bienestar personal... faltando el nexo amalgamante.
La cocción de éste caldo continua en proceso, pero dado que no tiene dirección ni sentido cardinal ya que todo está siendo batido dentro de una esfera, sólo se puede esperar hasta que la temperatura llegue a la ebullición, desbordando su capacidad de retención y obligando al atenerse a las consecuencias, cuyas dimensiones aún no tienen escala de medición... salvo la reivindicación de la cíclica historia!
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