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Arboles Caidos

Safe Creative #0911305033122por Teodoro Valentin - 30-11-09

 

No siempre se puede establecer el final de la vida útil de nadie, siempre su presencia resulta indicativa de que aún no terminó su destino.

 

El tema de determinar la existencia de un destino es ingresar en un terreno sin horizonte; tentativamente podemos catalogar al mismo como similar a la raíz de un árbol, que depende toda su existencia del terreno, de los vientos, de las lluvias, del granizo, adaptándose a su medio de la mejor manera posible.

El medio familiar, el apellido, las posibilidades y demás factores, influyen en la formación primaria del individuo, refrescando un marco de pasividad asimilativa que enseña y resiente al segundo paso de la primera decisión.

Cuando se desarrollan las propias ambiciones e inquietudes, las bases sirven de escuela protectora, hasta formar el escudo personal con que resguardarse de la presión social del consumo como potestad de éxito y brillo.

Esta cadena de sucesos, forjados y eslabonados en un recinto social, devoran al individuo hasta anular su iniciativa, implotando en resentimientos y rencores nunca expresados.

De continuar en ésta línea, su función procreativa es la única perspectiva de su ser, ya que el aporte a la continuidad de presencia también es un matiz del destino.

Pero cuando la explosión de inquietudes supera a las condiciones de crianza, su influencia dentro de los cánones formales es gravitatoria.

Nadie sabe -ni tiene medida- de las reales consecuencias de cada acto humano, así sea de un simple habitante hasta un influyente social, sea gobernante, periodista o consultor, repercutiendo sus acciones desde lo hogareño hasta lo global.

Consecuentemente cabe preguntar: Resulta válido el cuestionamiento de cuándo el árbol dejará de otorgar su sombra?

Definitivamente No!

La imagen que brinda un anciano o un niño es la misma en lo referente a su potencialidad... las fuerzas nunca decaen, simplemente el marco donde ocurren las nuevas circunstancias generan perspectivas insospechadas, ni siquiera quien protagoniza los hechos las puede imaginar.

El espacio entre un adolescente y un adulto es nulo. Ambos lugares se entrecruzan para permitir trasladar experiencias de vida y puntos de vista variados, permitiendo de ésta manera concatenar la ramas que se ciñen a un mismo tronco... el aire social!

En el espacio de tiempo que no se clasifica ocurren los entramados del devenir, seleccionándose minuciosamente quiénes intervienen en el mismo, de acuerdo a su capacidad de reacción ante determinados impulsos. Esta formación de las circunstancias requiere de una aceptación completa al concepto de destino, dando lugar a la pregunta de quién teje las fibras. La cara opuesta al mismo es el azar, asumiendo que estar en el momento exacto, en el lugar preciso... es el camino al éxito!

Sobre éstos dos fundamentos del pensamiento se basan todas las reacciones humanas, generando cada una de ellas un estilo de vida diferente en sensibilidad y humildad, en la cooperación o en la ambición, y así en todos los valores que encuentren antónimos, seleccionando la savia del árbol, en la madurez de las vivencias, la capacidad de follaje que sostiene en la copa...

declarando de ésta manera si continuará observando generaciones venideras, o simplemente caerá para dejar lugar a otros congéneres.

 

 

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