Ensayo
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por Teodoro Valentin -27-12-11
Buscar en el desierto la rosa de las aguas en medio de la noche no apaciguará nunca mi sed de entendimiento.
Soy un ciudadano, vivo como tal y me comporto como tal, pago mis impuestos y nunca me escapo de las leyes que conducen mi comportamiento social, al igual que la mayoría absoluta de los habitantes de mi país.
Cada cuatro años me complazco en participar para la elección de las autoridades que conducen a mi patria hacia el crecimiento y desarrollo del bienestar que nos corresponde de acuerdo al cumplimiento de los estatutos nacionales. Antes de ir a votar se despliegan los integrantes de los distintos partidos políticos para que pueda elegir, descubriendo mi pequeñez técnica ante los personajes que ostentan títulos universitarios y especialidades en cada una de las ramas, principalmente en la económica, aseverando de esta manera que la elección por tal o cual es mi responsabilidad, la cual asumo al depositar mi elección para el recuento mayoritario que sostiene a la democracia de mi nación.
Al asumir las nuevas autoridades restablecen sistemas cruzados de control impositivo a fin de evitar la evasión, la cual es castigada y penada como ejemplo público del daño causado por actos erróneos. Pero, cuando las autoridades erran en su conducir debo penar por cumplir con mi deber.
Ahora se destapa una crisis económica nacional que implica penurias generales y particulares, la cual nunca comprendo en su contenido y formación, o quizás nunca me la han explicado, o quizás siempre se ha ocultado hasta el límite de las consecuencias, dejándome en el borde del precipicio social como si fuese una piedra más del desierto financiero demostrando que todos mis esfuerzos han sido en vano, que todos mis aportes patrióticos han causado daño en vez de beneficios, que soy menos, que no soy para la gloria, sólo existo en la sociedad cuando los problemas gubernamentales no es posible solucionarlos en las mesas políticas.
Estoy saturado de términos financieros que no asimilo, de problemáticas mundiales que no digiero, de consecuencias en los mercados bursátiles de los confines terrenales que implican mayor pobreza y desocupación en el terruño donde vivo, en fin, me han empalagado con tanta verborragia y terminología mística financiera que enredaron la poca ecuanimidad social que había adquirido décadas atrás, tropezando con una realidad generada por unos pocos que no gozan precisamente de la escasez monetaria.
Si detengo el tiempo para reflexionar sobre la situación, consumo cada minuto en el vacío de la incomprensión, ya que si realizo mal mi trabajo cotidiano me apartan y me humillan trasladándome al margen de la desocupación antes de que deteriore por completo el desarrollo normal de la empresa, pero cuando un dirigente capacitado comete errores de consecuencias inminentes nadie lo exhorta a que corrija el camino, y si alguien lo hace se lo tilda de opositor, por ende se lo relega al plano del silencio social. Pero cuando el problema generado tiempo atrás llega al punto de hervor se lo populariza distribuyendo su peso en cada habitante del país, a fin de que con su impuesta complicidad se paguen las cuotas de las consecuencias sin miramientos ni sensibilidad humana, mientras que los directores del problema continúan con sus veleidades en el trono del poder acaudalado.
Continúo sin comprender ni adaptarme, esta temática supera mi lógica hogareña, pero seguro que tomará a mis descendientes para devorarlos en la ignorancia por falta de dinero a invertir en la educación básica, siempre la ceguera popular es beneficiosa para cualquier grupo de autócratas.
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